El mandato misionero del Señor resucitado a los discípulos tiene el
fundamento último en el amor eterno de la Santísima Trinidad y en la
misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios
Padre.5
El Señor Jesús, tras completar con su muerte y resurrección los
misterios de nuestra salvación, fundó su Iglesia y envió los
Apóstoles por todo el mundo, como Él había estado enviado por el
Padre (cf.
Jn
20, 21). La misión de la Iglesia continúa y desarrolla a lo largo de
la historia la misión misma de Cristo, que quiere conducir a todos
los hombres y las mujeres a la fe, a la libertad y a la paz de
manera que descubran el camino para la plena participación del
misterio de Dios. La Iglesia debe caminar por el mismo camino que
Cristo siguió, es decir, por el camino de la pobreza, la obediencia,
el servicio y la entrega...
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pastoral de nuestro Obispo aquí.